hands

hands

miércoles, 11 de octubre de 2017

lo de dentro vol I.









No se me da bien escapar,
pero tampoco quedarme quieta.

No conozco ningún sitio en el que vivir a salvo de mí y el dolor reconoce ya mi nombre.
Y el dolor intenta mi forma.

Me siento desproporcionadamente humana y vulnerable al verbo pertenecer porque pertenezco a todo y las cosas me hacen suya y a veces me instalo en el pánico a perderlo.

Tengo una sensación insaciable de querer ser otra; y cambiar mi nombre de sitio y romper esa parte de mí que se parece a mí.
Y mudarme de imaginación.

Lamerme las cicatrices para hacer nuevas heridas, torcerme los tobillos para cambiar de dirección y cortar el pasado de raíz.

Todas las sombras tienen la forma de todas las niñas que sigo siendo y la vida parece un patio de colegio donde jugar al escondite con el tiempo y el dolor.

y sonrío como una niña porque lo sigo siendo y una isla remota y perdida
y encontrada porque cada vez que te miro baila el mundo.

En mi memoria voy a sitios donde no existe la sed y no quedan huecos, donde el silencio es vehemente y la angustia de mentira. 
Lugares en los que la oscuridad es la vida sin ti y las paredes no lloran, donde parece que puedo respirar casi bastante y no me cueste casi dormir.
Allí donde por fin todo son besos.

La realidad me tambalea cada día y me tumba y el dolor y la hermosura pasean de la mano y te pido que me salves de todas las ciudades en las que no quiero vivir sin ti.

Te pido que me salves porque me necesito.

Volver al pasado, tal vez, para no sufrir recuerdos indecibles, insignificantes;
pero encontrarme contigo allí también para dejar de temblar y pedirte que me guardes para siempre contigo.

Me sabe la boca a tristeza profunda, a silencio absoluto y me lloran las ganas de que todo salga bien y sigo queriendo a veces ser otra a la que no le quepa el miedo, ni le pellizque el odio, ni le sangren las manos de pensar…

Cada vez que miro al cielo pienso que ya nadie lo hace y yo tengo las rodillas rotas de tanto querer volar porque no quiero estar aquí,
huele a desorden y humedad,
pero existe tu boca que me abre el camino hacia cualquier lugar en el que olvidar cómo duele todo lo que duele.

 y apartarnos en los márgenes, por un momento o para siempre, y acurrucarnos en lo nuestro.

Todavía me creo invencible aunque tengo los huesos en los huesos, aunque tengo la fuerza en los huesos, aunque tengo la paciencia en los huesos
y el corazón de rodillas.

Todavía me creo insensible aunque tengo el corazón a punto de romperse por todas partes.

Necesito un rincón en el que nada se parezca a lo de antes, pero sea como siempre porque no es nada en sí mismo porque lo es todo a la vez.

Un rinconcito en el que hacerme inmensa como la luz o la memoria.

Mi sitio ha cambiado de sitio y me he vuelto a hacer pequeñita para volver a crecer mejor,
para no vivir encajada,
para atravesar con miradas dulces los inviernos fríos,
para hacerme de hielo y que me derritas,
y dejar de creer en palabras caídas,
y poner al tiempo en su lugar,
y abrir los ojos,
y darme cuenta de que no tengo ni puta idea de quién soy, que a veces no soy lo que quiero, que a veces no me quiero como soy;

y cuánto me cuesta superar,

pero nos sostiene el amor.


Y cuando no haya solución, cuando todo se rompa, cuando todo sean tinieblas: sácame a bailar. 





jueves, 7 de septiembre de 2017

Sinceramente.





A mí me da miedo casi todo, 
por eso creo que soy más valiente que nadie.


Mira, aquí se ve cuándo me caí a los tres años y me rompí el labio contra aquella barra de metal;
debajo una cicatriz del tremendo silencio que hubo entre nosotros.

Esta marca de aquí es de todos los sueños que tuve, que tengo, que tendré y todavía y nunca se cumplirán.

También tengo una herida en la rodilla de cuando me caí, borracha, y me di contra el bordillo de frente y tú no me salvaste;
rozaduras de amar con fuerza y rabia, tristeza y obstinación.
arañazos de siempres equivocados.

Esto de aquí es de una vez que me rompieron el corazón y todo tenía poca luz y era terriblemente mediocre.

Las manos las tengo gastadas de proteger del frío a lo mío; a mi amor por otros.

Debería contarte, también, que a veces me da vergüenza existir y por eso respiro bajito y otras lo lleno todo de mí para que no se te olvide que una vez nací y todavía sigo viva.

Ojalá pudiera explicarte lo mucho que me duele la espalda de llevar, de soportar, de aguantar el miedo, las excusas, la tristeza, el suicidio, el hambre, los nombres, la antigüedad… todo lo mío, y lo tuyo, y lo de mis padres y mi hermana y lo que ya no será ni quisiera que fuese.

Me gustaría que supieras que hoy, justo hoy, me he mirado en el espejo y he repasado mi cara, mis brazos, mis manos, mi pecho, mis caderas, mi espalda, mis piernas, mis pies y he caminado desnuda sin saber hacia dónde respirar.

También tienes que saber que me he acabado para siempre para algunas personas, pero soy completamente eterna para otras.


Este vacío de aquí, del estómago, del corazón y las costillas, es de una vez que me dejaron sin nada, pero aprendí que todavía y jamás sabré elegir el camino fácil y eso es lo que podría hacerme feliz.
Ah, mira, esta marca en la espalda es de otra vez que me rompieron el corazón, pero al revés y con mentiras.

La vida me hirió y no supe ser niña, ni juguete, ni si quiera a veces sombra de mí misma. La vida me hirió, pero y la nada y la gente y yo;
nunca he sabido esquivarme y detrás del insomnio y el castigo y la soledad;
aquí debajo; en el pecho, en la enfermedad, en el miedo, los escalofríos, el odio, el manicomio de mi cabeza, mi cabeza llena de arrugas profundísimas, mi corazón manchado de memoria; debajo de y en medio de la guerra: estoy yo.

Incómoda, cansada, nacida.

R e a l .

Nunca he sabido pronunciar el abandono, ni qué forma tiene mi ausencia;
en cambio, sé que sabor tiene la sangre, el trazo del llanto y el sonido de la pérdida.

Sé que no sabes que nací luchando y vivo rendida, a veces, porque no me sostengo, pero sé aguantar.
Aquí, en la clavícula, tengo un tatuaje por dentro del dolor que me crearon, un lugar violeta donde crece la inocencia y no existe la memoria, pero las ventanas llorarían si supieran cómo hacerlo.

He llegado miles de veces al fondo, lo he tocado y me han hundido.

Yo también tuve dieciséis años y fui de algodón y caramelo, tenía la piel de melocotón y el corazón dócil e ingenuo. Yo también tuve diecisiete años y fui horriblemente joven e inexperta y me atravesaron los pulmones con el amor y el amor con el corazón y la cabeza con pájaros… yo también tuve dieciocho años y empecé a entender que la vida es casi todo eco y un poquito de verdad.
Yo también tuve ganas de amar y hambre de sexo;
y ahora con veintiocho y contigo y con todo sigo amando el amor, sigo amando el sexo porque es contigo porque sigo siendo igual de ingenua que a los dieciséis, porque sigo amando como a los diecisiete, porque sigo teniendo dieciocho y me gusta que me calienten el corazón.

Tengo heridas en los tobillos y la tráquea triste… y el fémur triste y la tibia triste… y te abrazo de memoria cada vez que lloran.

Llevo encima veintiocho años de golpes, instantes, hogueras, incomprensión, de pena, de poca gloria, de suerte turbulenta, de una canción tramposa…

Y querría contarte, antes de que no te des cuenta, de que se me nota en la piel cuando amo, de que me brotan en la boca las ganas, de que te beso así porque te quiero de esta manera…con el cuerpo y el hambre y a lo bestia.

Y tú… 
tú me puedes querer sin permiso y con todo porque esta soy yo:


la de las cicatrices, la del miedo, la rota, la imprudente, la atrapada.
la romántica, la loca, la dulce y soñadora, la que se queda...


quiéreme así,

 exacta y precisa,
imperfecta y completa,
suficiente y sucedida .


o sino, no me quieras.



Hazlo tanto como yo me he odiado,

entonces sabré que es para siempre.

martes, 6 de junio de 2017

Este grito no es de auxilio.








He sido niña y silencio, lámpara, primavera, canciones, corazón y precipicio.

He crecido en medio del viento y los crujidos, del morir mañana y el ‘sálvame y cúrame las rodillas’.

Me han amontonado como a piedras, lapidado con ellas, me han robado la razón y agarrado los dientes.

Yo; hermosa, loca, desnuda, sucia, delicada e irrepetible me he ahogado entre lágrimas y un cielo de vidrio que sostiene esta ciudad que habito.

Me han desvanecido y vaciado, también olvidado y mecido en manos sucias e ignorantes que contemplaban la caída y no alzaban el puño.

Me quedé dormida y pisaron las flores de mi jardín y construyeron castillos en mi contra.

Sobre mi pecho han crecido amapolas rojas y para siempre y he sembrado tiempo y han crecido bellos caminos a mi alrededor.

He dejado de tener miedo porque no te pertenezco.

He sido juzgada y también territorio, flor, princesa y musa y no lo quiero
.
Me han mutilado la voz, me han pisado sueños y confundido el corazón; pero soy mujer y no quiero ser faro, ni suave, ni suelo.

He construido paredes de hierro en mi vientre y existo fuerte y decidida, casi bastante y eterna.
Ya no temo la vida porque no soy tuya.

He crecido y acariciado el dolor; mujer, reina, pájaro y carne.

No niña.

Porque fui niña y me comieron el final feliz, tuve anginas y me atormentó la oscuridad.

Porque fui juzgada y también princesa y musa y flor y territorio y no lo quiero porque soy mujer;
y soy aire, bestia, paciencia, y noche, y amante, y hermana e hija, y capaz, y delirio, y balcón, y amada y calor, y necia, y verdad, y solemne y de nadie;

pero, sobre todo, por encima de todo: soy mujer y no necesito ser nada más.





martes, 2 de mayo de 2017

Cosas inequívocas.







Háblame del amor en tu planeta,

Cómo sabe el tiempo en tus manos precipicio.

Háblame del amor en tu idioma, en el idioma de las flores valientes que crecen hacia fuera.

Enséñame tu oscuridad, tus sueños vacíos, tus silencios incómodos, la rabia terrible de un mal día, tu ansiedad incandescente, la tormenta tras la tormenta, tus manos de alambre, los caminos largos, la puta mierda de los espejos rotos, el letargo del corazón.

Pero después sácame de esta realidad común;
Árdeme en la piel, vuélvete ciego de amor, búscame en la oscuridad que habito, desangra mi miedo, duerme al tiempo, abraza mi cuerpo…

Derrite este glacial.

Cuéntame tu vida, que ahora es la mía;
lléname de pensamientos y riégalos para hacerme crecer porque todavía soy una niña diminuta con ganas de amar.

Háblame del amor con tus palabras vehementes e imprecisas; como árboles que caen con fuerza a golpe de viento desproporcionado;

le pongo tu nombre a una luz indecible, le pongo tu nombre a un laberinto, le pongo tu nombre a mis canciones favoritas, le pongo tu nombre a la verdad y a la razón, a los manuales de instrucciones y a la memoria. Llamo con tu nombre al amor, a las flores asilvestradas, a las bóvedas cruzadas y los techos altos, a la tranquilidad, a las llaves de todas partes…

Le pongo tu nombre al amor que necesito.

Se me doblan los huesos si me tocas; se me rompen como recuerdos cuando no te siento;

pero te siento y me vuelvo escandalosamente vulnerable al sabor de tus mejillas y al sonido de tus pasos, a tu piel de pétalos de sal, a tu boca de canción de amor…

Soñar en tu vientre y jugar al escondite con el tiempo;
esperar que no nos descubra mirando al infinito, que no nos consuma, que baile en nuestra dirección porque todos nuestros pasos hacia delante son bailes dulces y aterciopelados.

Echar raíces en tus manos… tengo tanta prisa por amarte que te esperaría despierta todas las noches para que me hicieras el amor…

Háblame del amor; explícame esta debilidad, este desconcierto: todo este peligro.
Enséñame cómo se ama en tu lengua.

Voy a llevar flores a todos los rincones sucios de Madrid para que todo el mundo sepa que se han acabado las despedidas, que siempre quiero verte, que todas las mañanas nos despertamos en París.


Juraría que ayer nos vi en un futuro y sonreíamos en todas las fotografías.

No te alejes…


Eres lo más parecido a una puesta de sol que conozco y yo solo quiero volar….