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martes, 28 de noviembre de 2017

La herida es para siempre.






Existirá un espacio en el que todavía no me conozcas
donde el dolor y lo roto sea ambiguo
un lugar no conocido donde la tristeza no me encoja el corazón.

Porque todavía no entiendo por qué me dejaste caer,
porque por qué te fuiste cuando te lo pedí,
porque por qué no te quedaste cuando no necesitaba que lo hicieras, 
ni cómo aquella mañana no pude darme cuenta de que ya nunca estabas.

y aún así, abrazo lo inexplicable para notar tu indiferencia,

por lo menos.

Vivo en una canción horrible que no me deja dejar de llorar,
una canción que siempre suena en mi cabeza y me golpea los recuerdos y me retuerce hoy y me pellizca lo de ayer.

y todo lo que me hizo feliz se ha vuelto triste
y todo lo que fue amor ya no lo es.
y todo se ha vuelto de un dolor morado oscuro casi negro muerte porque te has acabado
y todo se ha caído
y todo es inmenso,
menos yo.


Y he querido volver a soñar con colores profundos, olores dorados, bailes tiernos, el vértigo de tu voz acariciándome la nuca.

Pero nadie sirve de nada porque te echo de menos como si hubieses estado y después me hubieses abandonado y mordido los huesos y hubieses dejado todo perdido de ti y me hubiese empapado de mi propia sangre.

Pero nunca estuviste.

Un dolor antiguo y egoísta vive instalado en mí o al revés; y tenía que decirte que desde que no estás hace frío en cualquier parte y en mi cuerpo habita la ausencia y no puedo dormir porque no puedo mirarte mientras lo haces tú.

A mí; que ya nada me recuerda a nadie, que no me sale sonreír, que no tengo sueños despiertos, ni ganas de seguir… que todo me parece una batalla y quererte una necesidad.

No me pidas que vuelva a hacerlo porque moriría agarrada a tu piel sin pensármelo.

No me pidas que vuelva a quererte porque lo haré para siempre aunque me duela.


Pídeme lo que quieras,

                                                     lo que queda de mí ya no es mío.





miércoles, 11 de octubre de 2017

lo de dentro vol I.









No se me da bien escapar,
pero tampoco quedarme quieta.

No conozco ningún sitio en el que vivir a salvo de mí y el dolor reconoce ya mi nombre.
Y el dolor intenta mi forma.

Me siento desproporcionadamente humana y vulnerable al verbo pertenecer porque pertenezco a todo y las cosas me hacen suya y a veces me instalo en el pánico a perderlo.

Tengo una sensación insaciable de querer ser otra; y cambiar mi nombre de sitio y romper esa parte de mí que se parece a mí.
Y mudarme de imaginación.

Lamerme las cicatrices para hacer nuevas heridas, torcerme los tobillos para cambiar de dirección y cortar el pasado de raíz.

Todas las sombras tienen la forma de todas las niñas que sigo siendo y la vida parece un patio de colegio donde jugar al escondite con el tiempo y el dolor.

y sonrío como una niña porque lo sigo siendo y una isla remota y perdida
y encontrada porque cada vez que te miro baila el mundo.

En mi memoria voy a sitios donde no existe la sed y no quedan huecos, donde el silencio es vehemente y la angustia de mentira. 
Lugares en los que la oscuridad es la vida sin ti y las paredes no lloran, donde parece que puedo respirar casi bastante y no me cueste casi dormir.
Allí donde por fin todo son besos.

La realidad me tambalea cada día y me tumba y el dolor y la hermosura pasean de la mano y te pido que me salves de todas las ciudades en las que no quiero vivir sin ti.

Te pido que me salves porque me necesito.

Volver al pasado, tal vez, para no sufrir recuerdos indecibles, insignificantes;
pero encontrarme contigo allí también para dejar de temblar y pedirte que me guardes para siempre contigo.

Me sabe la boca a tristeza profunda, a silencio absoluto y me lloran las ganas de que todo salga bien y sigo queriendo a veces ser otra a la que no le quepa el miedo, ni le pellizque el odio, ni le sangren las manos de pensar…

Cada vez que miro al cielo pienso que ya nadie lo hace y yo tengo las rodillas rotas de tanto querer volar porque no quiero estar aquí,
huele a desorden y humedad,
pero existe tu boca que me abre el camino hacia cualquier lugar en el que olvidar cómo duele todo lo que duele.

 y apartarnos en los márgenes, por un momento o para siempre, y acurrucarnos en lo nuestro.

Todavía me creo invencible aunque tengo los huesos en los huesos, aunque tengo la fuerza en los huesos, aunque tengo la paciencia en los huesos
y el corazón de rodillas.

Todavía me creo insensible aunque tengo el corazón a punto de romperse por todas partes.

Necesito un rincón en el que nada se parezca a lo de antes, pero sea como siempre porque no es nada en sí mismo porque lo es todo a la vez.

Un rinconcito en el que hacerme inmensa como la luz o la memoria.

Mi sitio ha cambiado de sitio y me he vuelto a hacer pequeñita para volver a crecer mejor,
para no vivir encajada,
para atravesar con miradas dulces los inviernos fríos,
para hacerme de hielo y que me derritas,
y dejar de creer en palabras caídas,
y poner al tiempo en su lugar,
y abrir los ojos,
y darme cuenta de que no tengo ni puta idea de quién soy, que a veces no soy lo que quiero, que a veces no me quiero como soy;

y cuánto me cuesta superar,

pero nos sostiene el amor.


Y cuando no haya solución, cuando todo se rompa, cuando todo sean tinieblas: sácame a bailar. 





jueves, 7 de septiembre de 2017

Sinceramente.





A mí me da miedo casi todo, 
por eso creo que soy más valiente que nadie.


Mira, aquí se ve cuándo me caí a los tres años y me rompí el labio contra aquella barra de metal;
debajo una cicatriz del tremendo silencio que hubo entre nosotros.

Esta marca de aquí es de todos los sueños que tuve, que tengo, que tendré y todavía y nunca se cumplirán.

También tengo una herida en la rodilla de cuando me caí, borracha, y me di contra el bordillo de frente y tú no me salvaste;
rozaduras de amar con fuerza y rabia, tristeza y obstinación.
arañazos de siempres equivocados.

Esto de aquí es de una vez que me rompieron el corazón y todo tenía poca luz y era terriblemente mediocre.

Las manos las tengo gastadas de proteger del frío a lo mío; a mi amor por otros.

Debería contarte, también, que a veces me da vergüenza existir y por eso respiro bajito y otras lo lleno todo de mí para que no se te olvide que una vez nací y todavía sigo viva.

Ojalá pudiera explicarte lo mucho que me duele la espalda de llevar, de soportar, de aguantar el miedo, las excusas, la tristeza, el suicidio, el hambre, los nombres, la antigüedad… todo lo mío, y lo tuyo, y lo de mis padres y mi hermana y lo que ya no será ni quisiera que fuese.

Me gustaría que supieras que hoy, justo hoy, me he mirado en el espejo y he repasado mi cara, mis brazos, mis manos, mi pecho, mis caderas, mi espalda, mis piernas, mis pies y he caminado desnuda sin saber hacia dónde respirar.

También tienes que saber que me he acabado para siempre para algunas personas, pero soy completamente eterna para otras.


Este vacío de aquí, del estómago, del corazón y las costillas, es de una vez que me dejaron sin nada, pero aprendí que todavía y jamás sabré elegir el camino fácil y eso es lo que podría hacerme feliz.
Ah, mira, esta marca en la espalda es de otra vez que me rompieron el corazón, pero al revés y con mentiras.

La vida me hirió y no supe ser niña, ni juguete, ni si quiera a veces sombra de mí misma. La vida me hirió, pero y la nada y la gente y yo;
nunca he sabido esquivarme y detrás del insomnio y el castigo y la soledad;
aquí debajo; en el pecho, en la enfermedad, en el miedo, los escalofríos, el odio, el manicomio de mi cabeza, mi cabeza llena de arrugas profundísimas, mi corazón manchado de memoria; debajo de y en medio de la guerra: estoy yo.

Incómoda, cansada, nacida.

R e a l .

Nunca he sabido pronunciar el abandono, ni qué forma tiene mi ausencia;
en cambio, sé que sabor tiene la sangre, el trazo del llanto y el sonido de la pérdida.

Sé que no sabes que nací luchando y vivo rendida, a veces, porque no me sostengo, pero sé aguantar.
Aquí, en la clavícula, tengo un tatuaje por dentro del dolor que me crearon, un lugar violeta donde crece la inocencia y no existe la memoria, pero las ventanas llorarían si supieran cómo hacerlo.

He llegado miles de veces al fondo, lo he tocado y me han hundido.

Yo también tuve dieciséis años y fui de algodón y caramelo, tenía la piel de melocotón y el corazón dócil e ingenuo. Yo también tuve diecisiete años y fui horriblemente joven e inexperta y me atravesaron los pulmones con el amor y el amor con el corazón y la cabeza con pájaros… yo también tuve dieciocho años y empecé a entender que la vida es casi todo eco y un poquito de verdad.
Yo también tuve ganas de amar y hambre de sexo;
y ahora con veintiocho y contigo y con todo sigo amando el amor, sigo amando el sexo porque es contigo porque sigo siendo igual de ingenua que a los dieciséis, porque sigo amando como a los diecisiete, porque sigo teniendo dieciocho y me gusta que me calienten el corazón.

Tengo heridas en los tobillos y la tráquea triste… y el fémur triste y la tibia triste… y te abrazo de memoria cada vez que lloran.

Llevo encima veintiocho años de golpes, instantes, hogueras, incomprensión, de pena, de poca gloria, de suerte turbulenta, de una canción tramposa…

Y querría contarte, antes de que no te des cuenta, de que se me nota en la piel cuando amo, de que me brotan en la boca las ganas, de que te beso así porque te quiero de esta manera…con el cuerpo y el hambre y a lo bestia.

Y tú… 
tú me puedes querer sin permiso y con todo porque esta soy yo:


la de las cicatrices, la del miedo, la rota, la imprudente, la atrapada.
la romántica, la loca, la dulce y soñadora, la que se queda...


quiéreme así,

 exacta y precisa,
imperfecta y completa,
suficiente y sucedida .


o sino, no me quieras.



Hazlo tanto como yo me he odiado,

entonces sabré que es para siempre.

martes, 6 de junio de 2017

Este grito no es de auxilio.








He sido niña y silencio, lámpara, primavera, canciones, corazón y precipicio.

He crecido en medio del viento y los crujidos, del morir mañana y el ‘sálvame y cúrame las rodillas’.

Me han amontonado como a piedras, lapidado con ellas, me han robado la razón y agarrado los dientes.

Yo; hermosa, loca, desnuda, sucia, delicada e irrepetible me he ahogado entre lágrimas y un cielo de vidrio que sostiene esta ciudad que habito.

Me han desvanecido y vaciado, también olvidado y mecido en manos sucias e ignorantes que contemplaban la caída y no alzaban el puño.

Me quedé dormida y pisaron las flores de mi jardín y construyeron castillos en mi contra.

Sobre mi pecho han crecido amapolas rojas y para siempre y he sembrado tiempo y han crecido bellos caminos a mi alrededor.

He dejado de tener miedo porque no te pertenezco.

He sido juzgada y también territorio, flor, princesa y musa y no lo quiero
.
Me han mutilado la voz, me han pisado sueños y confundido el corazón; pero soy mujer y no quiero ser faro, ni suave, ni suelo.

He construido paredes de hierro en mi vientre y existo fuerte y decidida, casi bastante y eterna.
Ya no temo la vida porque no soy tuya.

He crecido y acariciado el dolor; mujer, reina, pájaro y carne.

No niña.

Porque fui niña y me comieron el final feliz, tuve anginas y me atormentó la oscuridad.

Porque fui juzgada y también princesa y musa y flor y territorio y no lo quiero porque soy mujer;
y soy aire, bestia, paciencia, y noche, y amante, y hermana e hija, y capaz, y delirio, y balcón, y amada y calor, y necia, y verdad, y solemne y de nadie;

pero, sobre todo, por encima de todo: soy mujer y no necesito ser nada más.