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martes, 6 de junio de 2017

Este grito no es de auxilio.








He sido niña y silencio, lámpara, primavera, canciones, corazón y precipicio.

He crecido en medio del viento y los crujidos, del morir mañana y el ‘sálvame y cúrame las rodillas’.

Me han amontonado como a piedras, lapidado con ellas, me han robado la razón y agarrado los dientes.

Yo; hermosa, loca, desnuda, sucia, delicada e irrepetible me he ahogado entre lágrimas y un cielo de vidrio que sostiene esta ciudad que habito.

Me han desvanecido y vaciado, también olvidado y mecido en manos sucias e ignorantes que contemplaban la caída y no alzaban el puño.

Me quedé dormida y pisaron las flores de mi jardín y construyeron castillos en mi contra.

Sobre mi pecho han crecido amapolas rojas y para siempre y he sembrado tiempo y han crecido bellos caminos a mi alrededor.

He dejado de tener miedo porque no te pertenezco.

He sido juzgada y también territorio, flor, princesa y musa y no lo quiero
.
Me han mutilado la voz, me han pisado sueños y confundido el corazón; pero soy mujer y no quiero ser faro, ni suave, ni suelo.

He construido paredes de hierro en mi vientre y existo fuerte y decidida, casi bastante y eterna.
Ya no temo la vida porque no soy tuya.

He crecido y acariciado el dolor; mujer, reina, pájaro y carne.

No niña.

Porque fui niña y me comieron el final feliz, tuve anginas y me atormentó la oscuridad.

Porque fui juzgada y también princesa y musa y flor y territorio y no lo quiero porque soy mujer;
y soy aire, bestia, paciencia, y noche, y amante, y hermana e hija, y capaz, y delirio, y balcón, y amada y calor, y necia, y verdad, y solemne y de nadie;

pero, sobre todo, por encima de todo: soy mujer y no necesito ser nada más.