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domingo, 20 de marzo de 2016

La niña de mis ojos.


Eres demasiado bonita para ser infeliz.




A veces es demasiado si no quieres que nunca pase.

Una niña plagada de miedo que no tiene por qué pero sí por quién.
Yo.

No tengo tiempo para todo lo que no quiero, ni hambre si hablamos de imposibles.

Todos los caminos me llevan a mi casa porque lo que quiero es estar en casa, mientras tanto sigo andando porque hacer camino no es otra cosa que tropezártelo entero.

Llevo una niña dentro que no para de hacerme cosquillas y deshacerme el hielo del corazón; una niña despeinada manchada de olvidar que me devora la tristeza.

Una niña de cristal que no se rompe.

He prometido llevarle a un sitio donde no exista la sed, ni los gritos, ni el recuerdo. Tampoco el perro, ni la rabia, ni la prisa.

Llegar a un sitio donde desaparezcan las tinieblas.

Y que no se preocupe que mamá es roble y roca y respira con hambre. Y papá tiene fuerza para todos porque de pequeño ya se había hecho mayor y porque quiere poder con todo. Una chica con voz de vainilla que parece mi hermana, pero juraría que es un ángel.

A veces me da pellizcos para que no me muera de sueños, a veces me muerde de alegría para que no tenga miedo y me abre la ventana a ti; vistas a un jardín de luz.

Le escribo una carta todos los días para que se acuerde de no perder la inocencia.
Tiro trocitos de canciones para que vuelva a su infancia y sepa compartir el frío.

Una niña capaz de llover en plena sequía para que no me ahogue de sed.

Llevo una niña dentro que me dibuja la suerte y colorea los golpes, que me guarda el equilibrio para que nunca lo pierda, que persigue un sueño que soy yo.

Una niña volátil que siempre se queda.
Yo.

Se mira en el espejo como extraña de mí misma porque ya no me conoce como antes; extranjera de todo lo que no te toca.

Ha encendido fuego para calentarme las manos, derretirme por dentro.

Una niña enamorada de mí que se hace de lluvia para verme crecer, que juega en el parque, sonríe cuando cantas y que mide en latidos el sonido de tus pasos.


Una niña lista que a veces no entiende nada, pero sabe perfectamente que llorar no es la solución aunque se deshaga de agua porque el deshielo y porque llorar también es de valientes.

Una niña, yo; que hago pie en cualquier fondo, que me acompaño cuando estoy sola y que me convierto en risa cada vez que me duele todo.


Vivo en un terreno muy resbaladizo y no pienso dejar de bailar;
dile a la vida que nunca deje de sonar.