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domingo, 11 de octubre de 2015

Carta para quien la quiera.



‘Bailaba sola y movía el mundo’.



Hola, pequeñita.

Venía a decirte que eres enorme.
Que vencida estás preciosa, pero no te dejes nunca.
Que morirte de vez en cuando es aprender a andar descalza por el miedo
y que cortarte por amor es como tener que drogarte para vivir: inevitable.

Respira; y recuérdate libre.

Haz-te tu-ya.


Venía a decirte que si te levantas con el pie izquierdo, bailes con el derecho.

Escúchame;

Si agachas la cabeza que sea para besarte las rodillas,
si miras hacia atrás que sea para tener ganas de seguir adelante.
Si se te caen las lágrimas que sea porque ya no las quieres.

He venido a decirte que tienes un vacío maravilloso en el que caben mil abrazos,
que te pongas el vestido de flores y te deshagas el nudo del estómago;
que seas feliz dentro de tu cajita de música triste.
Que enamorarse del monstruo es como dudar de tu vida cada domingo: inevitable.

Oye, mi pequeñita, que eres un cielo.
Un cielo despejado en pleno enero cuando llueve sobre calado.

Quería decirte que cojas mucho aire,
que los golpes de suerte son golpes, al fin y al cabo
y que tengas cuidado, que la nostalgia pica.

Que si te cuentan mentiras, sea para dormir
y que eres fuerte;
fuerte como una niña frágil vacía de miedos.

A ver, mi niña, que te abraces y te escuches,
y acuérdate siempre: tú eres tus alas.

Que hay sonrisa en tu ruido
y viceversa.

Que tienes una mirada fugaz que pide un deseo cada vez que se estrella.
Querer huir y no hacerlo es recordarte, cada día, que tienes que olvidarlo.

No ser el alguien de nadie siendo solamente y toda tuya;
y hacerte el amor y la tonta y pensar en ti y en ti y en ti y en ti…

Mi tulipán; tienes un beso infinito en cada punto débil y la boca llena de libertad.

Mi gusanito de seda; conviértete en mariposa.

Asume tu silencio como una victoria y aprende que hurgar en la herida ayuda a curarla.

Mi pequeñita, solo vengo a decirte que cometer un error puede ser un acierto;
que hay que masturbar el dolor hasta que desaparezca
y que todavía existen personas que te cogen de la mano sin asfixiártela.

Mi luz del túnel.

Mi pequeñita, mi sol, mi baile de primavera…

Escúchame:

alguna magia es verdad; 

y tú eres completamente cierta.

Lo único que tienes que hacer es no dejar nunca de creer que la vida es maravillosa aunque, de vez en cuando, te pise los pies al bailar.