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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Salida de emergencia.




Todo es una versión de otra cosa.

A veces-

irse es ganar la guerra;
quedarse en silencio constituye un acto de valentía extraordinario;
quererse se considera un hecho imprescindible;
acabar es sinónimo de empezar;
desconocer comprende desordenar todos los recuerdos para encontrar las razones y descubrir que existen motivos.

Olvidar.

Aparecer siendo otra, pero sin dejar de ser tú.

Crecer sola y aprender a.   
               
Reinventarte porque te lo debes,
y no quieres volver a ser lo que siempre aborreciste.

Aprender de la derrota siendo derrotada.
Fingir y mantener la calma en equilibrio.
Postergar la tristeza, el desgaste y la decepción;

ol vi dar.

Esperar que nadie nunca nada.

Temblar de indiferencia y pasear por la soledad, como si no cortara.
Intentarlo con muchas ganas y poca paciencia;
con los ojos entornados y la puerta entreabierta; por si los portazos.
Tener cuidado y mucho tabaco.

Volver a olvidar.

O
L
V
I
D
A
R

Matar recuerdos y construir romA en cualquier parte.
Huir para que algún día, alguien, te pida que vuelvas.
Inventar excusas y destrozar el pasado;
no tener ni vaso, ni gota que lo colme.

Olvidar… la rabia, los malos tiempos, las trampas, las autopistas, la sequía, los cuentos, la religión, la distancia, la fiebre, la impotencia, el rencor, el miedo, los golpes, el vacío, el olvido…

Olvidar todo lo que nunca quisiste aprender;


 Y entender que los caminos de rosas están llenos de espinas,
                          
que el secreto es que no hay secreto,

y que nunca podremos volar;

pero siempre nos quedarán las ganas de intentarlo.











jueves, 3 de septiembre de 2015

No soy yo, eres tú.




Quítame todas las ganas de verte y mata a todas y cada una de las mañanas que pienso en tu boca.

No es que me quede nostalgia pero todavía tengo algunos recuerdos paseando desnudos por mi habitación y me encantaría que aprendieran a volar.

¿Sabes guardar un secreto?
Yo tenía uno dentro de tu boca y lo he perdido.

He desgastados los días fingiendo que no me has roto el corazón por la mitad,
pero esta tristeza del pecho no deja de latir.

Debería ser más valiente y admitir que tengo lágrimas en los ojos, 
que ando cabizbaja buscando alguna piedra con la que tropezar 
y que mi niña interior está muerta desde que no me coges de la mano.

Devuélveme todas las noches de ‘no tengas miedo, 
no me voy a ningún sitio’, 
‘te quiero en todas las canciones’, 
‘te voy a hacer el amor hasta deshacerte toda la rabia’…

Si al menos me hubieras avisado de que me ibas a soltar la mano después de subirme al cielo, 
mis rodillas no serían la canción más triste del mundo.

Aprendimos a convertir el ruido en música y a odiarnos contra la pared,
a matar días y a lamernos todos los miedos.

Dejé de mirar hacia atrás porque te tenía delante y ahora;
ahora me he dado cuenta de que el infinito es sólo un número más,
que cuanto más sola, mejor acompañada
y que la puerta que he cerrado me ha pillado los dedos
y el corazón.

Ahora solo quiero dejar el pasado encima de cualquier hoja de papel en blanco, 
agarrarme a cualquier abrazo y drogarme a base de literatura.

Vi cómo te ibas, con la boca llena de excusas y las manos ensangrentadas.
Vi cómo te ibas, con las maletas llenas de todos los días que nos quisimos.
Vi cómo te ibas, suicidando todas y cada una de las razones que teníamos.

Desde entonces y hasta ahora,
desde nunca y hasta siempre.

Han pasado ciento cincuenta seis mil canciones y quinientas noches y me he fijado que la primavera está asomando las piernas y que en el fondo tenías razón.

Ni tú eres para tanto, ni yo para tan poco.

Perdóname, es mi corazón; es un puto exagerado.