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jueves, 27 de noviembre de 2014

Quemadura de primer grado.



                                                        



He dejado un puñado de palabras encima de la mesa,
no dudes en tirármelas a la cara si me ves llorar.



Me lo he tragado.

Lo he guardado.

También me lo tatué en el esófago.

Lo he tenido bailando en el estómago.


Me ha hecho cosquillas en los pies.


Me ha hecho llorar.

Me ha acariciado hasta quedarme dormida.

Ha atravesado mi ventrículo izquierdo para quedarse a vivir en el derecho.
Me ha quitado la palabra de la boca.

Ha sabido quererme como nunca nadie.

Se ha acomodado en mi cama, para quedarse;
para siempre.
He sobrevivido gracias a él,
pero me ahoga si me intento escapar.

Me cose la boca.

Me apuñala por la espalda cuando le miro por el espejo.

Me clava aguijones en las plantas de los pies.

Me sutura las heridas a la vez que mete los dedos hasta el fondo y toca hueso.

Juega, como un hijo de puta, con mis ganas y el gesto de mi boca.

A veces, incluso, me enseña a morir despacio cuando atacan las mentiras.

Se me acumula en el paladar como una pistola, cargada de sí mismo,  apunto de disparar a éstas ruinas.

Está construyendo un cementerio con todas mis tumbas mientras finjo paz en medio de la guerra.

Se atreve a aparecer y a ponerme un cuchillo en la garganta si me atrevo a pronunciar a su enemiga.
Todas las noches se desnuda y empieza a lamerme entre las piernas.


Inevitablemente he sonreído al verle y le he exigido que me cure el aquí y el ahora.

Vestirme de víctima tampoco ha servido para despistarle;


Así que al final del principio de un día decidí vomitarlo, sin escupirlo.

Sospecho que, de un momento a dos, va a invadir cualquier miércoles y voy a asesinar su boca a besos.

Lo hice mío, y desde entonces, me llevo mucho mejor con él.


El silencio sabe lo que dice,
cuando yo no digo nada.




jueves, 20 de noviembre de 2014

Encantada, pero ya nos conocemos.




'Qué hermosa puede ser una mujer semidestruida,
brilla con la verdad decaída de una ciudad antigua y sucia,
sus ojos son callejones, son territorios donde transitar para reconocerse.'

Cristina Martín



La vi tumbada en la escalera, fumando, como si supiera que mañana se iba a acabar el mundo;
Como si mañana fuera su primer día de colegio o tuviese que cortarse el pelo a la altura de los hombros porque le tocaba cambiar.
De vida.

Tenía los ojos azul miedo y la misma herida de siempre, metía los dedos hasta el fondo, saboreando con la yema de sus dedos el dolor que no quería dejar de sentir.

Todavía no ha escuchado su canción favorita,
pero muchas hablan de ella.

Pierde la razón y los papeles;
el corazón sigue estando en su sitio -juraría que en el pecho-
pero más de un día la vi revolviendo los cajones en busca del alma perdida.

La he visto desnudar sonrisas y humillar al sol,
ser mapa y tesoro al mismo tiempo,
cerrar la boca para abrir los ojos.

Un día decidió pasar de todo para dejar paso a la indiferencia más absoluta.
Ese mismo día se mintió evitando mirarse al espejo y con la libertad de un pájaro,
empezó a escribir.

Limpió su conciencia y se acordó de olvidarse de todo;
menos de ella.
Se besó las rodillas a cámara lenta,
la contemplé mientras se despertaba
la vi ser capaz e inocente.

Existir en soledad y merecer un ‘para siempre’.
Enamorarse del invierno, ahogarse en libros y ser gilipollas.

Sabe bailar el silencio y limitar sentimientos.


Un día, como otro cualquiera, la vi tumbada en la escalera, fumando, como si supiera que hoy se iba a encontrar por dentro.

Entonces me levanté,
besé el espejo;
y me juré ser feliz en superlativo.


Y, desde entonces, no he vuelto a conjugar verbos en pasado.



jueves, 13 de noviembre de 2014

La misma mierda de siempre.




Frágil tu puta madre.


Me aprendí las caricias que sabían a fuerza,
Me estudié toda la literatura y la mala letra de lo nuestro.
Memoricé las manías y tu extravagancia, los horarios y los miedos.
Evité el tiempo, la muerte y las vacaciones en familia.

Deberías saber que aprendí a volver
y a volar
y a valorar
 y a velar
por mí y por todos tus sueños,
pero por ti primero.

Aprendí que la hora perfecta es en la que no miramos el reloj,
que todos los caminos llevan a Roma pero pasan antes por ti; y mi ciudad favorita es tu nuca.
Pasé la punta de mis dedos por toda tu nostalgia,
repasé tus dudas
y envidié todos tus dientes por pasarse la vida en tu boca.

Repasaba día sí noche también todo lo que te quería,
de norte a sur, este a oeste,
de arriba a abajo, de izquierda a derecha,
desde lo bueno a lo malo y viceversa;
y todavía me quedaban laberintos que descubrir.

Leí tu cara,
cambié el gesto por una palabra,
Escribí ninguna canción de amor pero en todas aparecía tu nombre.

Aprendí 17 formas de necesitarte y todavía no sé decir adiós.
Supe verte siempre de la misma manera, pero mirarte de distinta forma.
Pude verte sonreír y me convertí en esa estúpida niña caprichosa que quiere su caramelo.

Perdí la paz para ganar tu guerra.
Juré no confundir el amor con la Navidad.

Me di cuenta de que nunca te aprendí lo suficiente,
me di cuenta de que si cerraba tu puerta no se abriría ninguna ventana;

y me he dado cuenta de que siempre te echo de menos.

Hasta que apareces.





Foto: Alberto Solóviev.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Salvarse es otra forma de morir.













Quiero que me quieras.

Que me quieras hasta odiarme;
hasta que se te salten las lágrimas y que te duela tanto que creas que te has muerto.

Que me ames;
ámame como a todas pero más que a ninguna.

Ámame por encima de todo lo que nos pase,
y por debajo de las sábanas.

Ámame como si mañana no hubiera pasado y solo pudiéramos vivir el presente.

Ámame tanto que te queme la piel,
que te arda la garganta y tu estómago no pare de gritar mi nombre.

Quiéreme como si no me conocieras,
como si no supieras que tengo manías que te desquician,
como si por amarme se borraran toda la rabia y los celos.

Ámame porque sí,
porque el por qué no importa.

Protégeme de ti,
que yo no puedo; te quiero.

Ámame hasta hacernos inmortales y vamos a morirnos de amor.

Ámame.
más que menos;
mejor que peor.

Hazlo;
 y dispara contra todo pronóstico,
y prométeme que puedes amar a otras muchas;
pero no quieres,
porque me quieres.

Ámame y vete.
Vete a sabiendas de que te amo,
te amo por encima de mí,
y te amaría solo a ti si no fuera porque te amo más de lo que puedo.

Vete;
pero ámame tanto como para no querer irte.

Date cuenta de que has encontrado lo que amas y deja que te mate…


lunes, 3 de noviembre de 2014

Supervivencia 3.










Siempre hay tiempo para la tristeza.

E.A



Esquivar miradas, palabras y días.
Desde que te fuiste no he vuelto a sonreír,
no por falta de ganas;
me da pereza levantarme del sofá.

Esquivar canciones, personas y momentos.
Desde que huiste no me he quedado sola ni un solo segundo,
Y eso que esto está más vacío que siempre;
Pero tu recuerdo no me deja respirar.

Esquivar la compasión, las promesas y los espejos.
Desde que desapareciste …
no he vuelto a contar,
ni a jugar,
ni a creer,
ni a querer,
ni a volar,
ni a tener.


Lo único que he hecho desde que te fuiste ha sido esquivar.

                                                                                         Te.