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jueves, 4 de septiembre de 2014

Pasaje al terror.




Una de esas veces que se repiten siempre en que todo se convierte en nada y quieres que nada te importe en absoluto; 
quizá es una de esas veces en las que la percepción del tiempo es nula
y medimos los días por las horas que nos faltan de sueño -s-.

Decidir ahogarte debajo de cualquier libro y saber mantener la respiración fuera de ellos.
Guardar silencio porque todo lo que puedas decir es como un puñetazo en tu propia boca.

Procesar la dulce indiferencia que te provoca el mundo incómodo que te rodea.
Disimular porque lo que viene es invariable y el factor siempre es el mismo.
Provocar sonrisas al espejo para morirte del gesto.


Perderlo todo para no perder más.
No creer ni en lo que ves.
Recibir golpes y que ninguno sea de suerte.
Morirte de ganas de huir pero no irte por no tener que volver.
Estrellar tu vida contra el suelo.
Querer en bajito.
Estar bien o de verdad.
Llenar el vacío con más vacío.
Buscarte las cosquillas y encontrarlas jugando con la tristeza.

Ponerte un cartel en el pecho de ‘no molestar’

Porque-no-te-da-la-gana
nadie.

Y en plural, tampoco.

2 comentarios:

  1. Una serie de catastróficas desdichas que dolidas así, son cucharadas de miel para una garganta irritada.
    ¡Genial!

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  2. Eres genial y no tengo más que decir.

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