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lunes, 10 de febrero de 2014

Cuento de amor al invierno.

Érase una vez. Pero dejamos de ser.

Y entonces el cuento se convirtió en una burla que me sacaba la lengua desde lejos, haciéndome gestos crueles de desprecio.

Érase una vez, pero nunca fuimos lo que no tuvimos valor para hacer.
Érase una vez, pero nunca fuimos lo que nos dejamos de decir por el miedo a fallarnos.

Érase una vez lo que quise que fuéramos y tú no quisiste vivir.
Te quise suceder, te quise de lejos, y despacio y con todo el corazón;
con los restos que me quedaban de las anteriores guerras perdidas.
Pero claro, 'dicen que las ruinas son todo eso que ya no se puede destruir.' 
Dicen. Porque, si te digo la verdad, mis ruinas están arrasadas, como cualquier ciudad después de un holocausto de gente corriendo hacia ninguna parte. Como un estadio devastado después de un concierto de Extremo.                         Como yo, después de ti.

Una vez. Es que una vez fuimos. Y duramos lo que dura una cerilla en arder y ser polvo del polvo de las cenizas que quedan después de que la cerilla se consuma.

Nunca he sabido lo que quiero. Pero me entiendo cuando digo que lo único que no quiero es a ti.
Protesto antes tu decisión del final y reclamo todos los orgasmos que me debes.

Yo sí te pido la luna, te pido estrellas y galaxias enteras; y que el paraíso sea mi cama; y el cielo nuestro infierno de sexo desmedido,y que el amor nos tenga envidia y se corra al vernos.

No puedo escribir del amor sin escribirte a ti. No puedo dormir a las ganas sin morirme de ti.
Tengo que dejar de pensar en ti para regalarme una jodida noche de calma entre todo este vendaval porque ya no puedo ser más cometa, ya no sé volar.
Se me ha olvidado; 
ahora solo planeo entre la gente y procuro no chocarme con nada -que no seas tú.-


Lo que hago es andar, pasear, vagar, deambular, transitar... llámalo como quieras, 

pero llámame. 


Lo que hago es terminarme, extinguirme, consumirme, agotarme... llámalo como quieras, 

pero llámame.

Lo que soy es una niña.
Una chica; caprichosa, algo maniática, risueña, alegre pero con mi puntazo de tristeza, he sido verdad siempre y sonrisas a medias tintas no escritas por nadie. Soy borde; pero pocas veces se han tirado desde mi precipicio. 
He sido sincera y gilipollas, ilusa e inocentemente estúpida. Soy tímida, romántica, frágil y delicada, pero tengo fuerza para parar los trenes en mitad de mi estación y soy toda la valentía que te falta a ti. Soy invierno en primavera.
Soy delgada -estoy hecha de hueso y todo corazón- ,soy cariñosamente idiota, soy alta -y eso es una putada, porque te quiero desde las alturas, desde muy arriba-, soy dulce y demasiado pasional pero, sobre todo,soy yo.

Así que ámame como quieras,
pero ámame.









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