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miércoles, 29 de enero de 2014

'Una puta lástima.'

"Me duele la piel de no tocarte,
y eso de no poder irme a donde coño estés (que ojalá fuera el mío)."

-Felina con el corazón en Madrid.-



Qué mal me sientan las despedidas;
y más tantas,
y tan seguidas.

Qué mal me sientan las montañas rusas y los parques de atracciones,

y las alturas. -sin paracaídas-

Qué mal me sienta Callao sin tus labios,

y Sol sin que tú metas las manos en los bolsillos de mi pantalón y pasees como si te tuvieses el mundo en ellas.

Qué mal me sienta sentarme a esperar,

sin esperar nada a cambio.

Qué mal me sienta la tristeza y el equilibrio.


Aquí ya no hay 'peros', ni 'aunques', ni 'sin embargos'.


Me sienta mal la supervivencia

me sienta mal sentir lo que siento.

Tengo cara de no saber qué hacer;

de bailar desordenada al ritmo de un hilo de música muy estrecho, 
del que me caigo cada dos por tres-mil veces al día.


Sí. Me sientan mal todas esas mierdas de las que siempre hablo con tristeza y con la indolencia del domingo eterno al que sobrevivimos.
Sí. Tengo mala cara desde que no duermo por no soñar.                                                                
Contigo.


Yo era toda la poesía que te salía de la polla cada vez que te corrías.
Yo era todas las canciones que escuchábamos follando en la cama, 
mientras sonreías entre las calles de mis piernas y hacías 'eses con la lengua' por si acaso se nos olvidaba que Madrid era yo corriéndome en tu boca.


Se me levantaba el vestido cada vez que pasábamos por Gran Vía gritando que nos crecían flores en el pecho en lugar de tener mariposas en el estómago, por aquello de que me regabas las flores cada amanecer; y las mariposas, tarde o temprano, se acaban muriendo.

Qué mal me sienta Huertas cada vez que paso por delante de ese bar en el que nos lo hicimos con la mirada, sin tocarnos, pero con todos los sentidos y sentimientos a flor de la piel que nos hemos arrancado.

Y qué bien nos sentaban las reconciliaciones sin batallas de por medio,
sin luchas entre las sábanas.
Sin peleas; rindiéndome y pidiendo clemencia de rodillas. Con mi cara entre tus piernas.

Qué bien nos sentaba empaparnos en saliva, como si fuese lluvia; 
pero nuestra.

Qué mal me sienta la cobardía del que desiste por el pánico de perder.

Se me ha quedado mala cara desde entonces;
tengo sueño -sólo uno- y eres tú.
tengo hambre, ojeras, y mucho corazón. 
Soy un espectáculo, aunque intento no mirarme al espejo por eso de la irregularidad.







Lo dicho:

Qué mal me sientan las despedidas;
y más tantas,
y tan seguidas.



Qué mal me sienta la vida;
sin ti.




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