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martes, 14 de enero de 2014

El martes que nos conocimos.



"Aquí se folla por curiosidad
sin vergüenza
y con ganas.

O no se folla.

Excepto cuando se haga el amor,
cuando nos haga, quiero decir,
que entonces
vale todo
o no vale
de nada."

Escandar Algeet.



Estoy a un ‘bah’ del precipicio definitivo; de que la muñeca que tengo encima de la estantería que, por cierto debería limpiar porque está llena de polvo, deje de bailar en círculos y se ponga delante del espejo a moverse desnuda.

A un precipicio, de esos que caes al vacío y ves toda tu vida pasar delante de tus ojos. 
De esos que no te puedes agarrar a ningún sitio, ni quieres. Prefieres dejarte caer y que pese lo que tenga que pesar;
y pasar.

A un precipicio de que mi sonrisa;
esa de los viernes por la noche cuando estoy con ellos, o la de cuando veo una foto tuya,
sea autosuficiente y pueda valer. Por sí misma.
A mí misma.

A un precipicio de.
¿De qué?

De mí. 

El martes decidí que era el momento perfecto para levantarme de la cama, y andar por el borde de tus abismos.

Y eso hice.

Me tiré.


Y eso hice.
Me levanté.

Y te propuse todas las maneras y formas de querer y de desquerer.
Todos los modos en que se puede hacer y deshacer el amor; de imaginarnos sentados estando sin estar, pero quedándome.

Y eso hice.
Quedarme.

El martes pensé en toda la gente que hace tonterías por amor.
Amor. 
Si buscas esa palabra en el diccionario podrías encontrar diferentes acepciones, todas válidas, por supuesto. "Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.", por ejemplo. 

Y entonces me planteé que la definición del amor es imposible 
y a la vez
 improbable. 
Creo que cada uno de nosotros tenemos lo nuestro ¿no?
"Por amor se entiende" o "el amor es".
Pues no.
El amor ocurre, pasa, sucede. El amor no es nada que puedas explicar con palabras. El  amor es lo que tú quieres que sea. Lo que es para ti.

El martes pensé (sí,pensé mucho).

Pensé en todas las tonterías que he hecho yo, por amor.
Y lo tonta que me he vuelto desde que tú, mi amor.

Y entonces entendí que mi amor son todas esas flores que no me han regalado,esas declaraciones que no me han hecho,los abrazos que no me han dado,los besos que se me han resbalado,los polvos en baños y las mamadas en tercera persona.

Entendí -si es que se puede entender- que mi amor son todos esos libros que no he tenido cojones de terminar,esos charcos en los que,por suerte,he caído y me he empapado hasta no saber qué era el agua y quién era yo. 

El martes,salté por encima de los tejados, como una gata ;y entonces fue cuando caí.
Caí en la cuenta de que la mayor tontería que he hecho por amor ha sido querer.
Qué tontería.
Qué despropósito.
Qué torpeza.
La tontería más considerable ha sido derribarme a mí misma; correr hacia un sentimiento imperceptible,una sensación invisible y a la vez tan evidente que, bueno, aquí me encuentro: rebuscándome.

El martes me tropecé con todo mi amor;
y ahí me quedé. Estática. Admirando el absolutismo de este sentimiento.

Entonces me dí la vuelta y acto seguido me levanté torpemente, como ese intento inútil de beber para olvidar que alguna vez hemos hecho todos,
como la osadía del que quiere por el simple hecho de querer, sin esperar nada a cambio;
y entonces pasó,
lo hice.
Me hice. El amor.

Y desde entonces me lo hago todas las noches.
Mi amor.

El martes, ese bonito o fatídico martes -como lo queráis ver-
decidí que si quieres, te lo explico.
que si vienes, te enseño.

y que si te quedas, es todo tuyo. 
Mi amor.





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