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domingo, 29 de diciembre de 2013

La última despedida.

Ojalá una mesa en la que apoyar las manos dejando todos los deseos que no hemos sabido soplar.

Al final todos nos morimos por un abrazo cuando rompemos las copas de champagne,
apagando el año que acabamos de destrozarnos.

Ese ínfimo momento en el que todo ese caos en el que sobrevives se ve lejos porque todo empieza otra vez;
aunque el caos es el mismo,
sólo cambiamos el número.

¿Qué coño quieres matar en una noche que no hayas podido ahogar en trescientos sesenta y cinco días?

Date un morreo de despedida enfrente del espejo,
que el año que viene vas a ser la misma, 
pero que no nos falten los besos.

No prometas nada que no vayas a cumplirte,
no cumplas nada que no hayas prometido
y hazle el amor a todos los martes y trece,
a los domingos de resaca,
y a las sonrisas sin motivo.

Mastúrbate cada noche como escribiendo poesía en tu piel,
y a eso que tu llamas vida
quémalo después de haberte leído.

Felicítales,

pero no por empezar otras mil primaveras,
sino por haber sobrevivido a todos los inviernos.

Ponte música,
una copa,
ponte.

Baila como si fuese el último día del resto de tu muerte.

Cuenta mis sonrisas con los dedos de una mano,
y multiplícalas por mil.

Estrena ropa interior,
y acaba estrellándola contra el suelo.

Yo he venido aquí para llenar este año los vasos vacíos.

Este dos mil y trece martes he tenido.
Entre aeropuertos y despedidas,
salidas y piedras que se han convertido en montañas,
personas, que no gente;
los intentos de volar y caer, y volar, y morir, y volar y.

No he sido más que desastre y estropicio,
idas y venidas,
Madrid envuelto en noches de desenfreno,
baile y labios desgastados.

He sido y soy sonrisa aunque duela,
soy ganas de que este puto año que se presenta en mi puerta sin llamar al timbre sea más caótico que el anterior;
pero más dulce, más delicioso.
Más tú.

Que el jodido año que hemos vivido se vaya besándonos en la frente y deseándonos que en este que no llama a la puerta tengamos más amor,mas sexo,más canciones,más precipicios,más caricias,más viernes por la noche, más personas, más color, más de todo.

Y otra vez, más tú.


Y ahora sí, me despido con un beso en la frente.
Me despido con un "ojalá el que viene sea mejor que el anterior", pero con el corazón en la mano.
Y si no lo es, que le follen a todo, y seguir pegando portazos y muriendo de resacas.





Hay que brindar. 

Y si todo se va a la mierda, por lo menos que nos pille borrachos.

Hay muchas copas vacías encima de la mesa,
pero tranquilos,
todavía tenemos mucho alcohol en las botellas.






Feliz -d-año a todos.


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