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miércoles, 21 de noviembre de 2012

"y ella no tenía medias."


Me asomo a la ventana y esa chica de ayer ya no está.
Tampoco juega con las flores del jardín.
Ahora juega más bien con su vida. 
La destroza, la raja de arriba abajo, la tira, la rompe y la regala.
Juega contigo, y conmigo. Y con nosotros.
Hace puzles, y se bebe cuatro o cinco copas de vino, mientras habla con Joaquín. 
Y se desquita de esos ojos negros 
mientras recuerda cuando fue la primera vez que se prometió que sería la última.
Y mientras él le quitaba las bragas, 
ella se quitaba el corazón y lo tiraba por el suelo, 
como tantas otras veces.
Se coloca, mientras deja que el mundo se hunda bajo sus pies, 
y ella vuela entre las nubes de su habitación.
Pierde orgasmos por las esquinas, 
y no tiene donde colgar el abrigo, porque lo perdió hace tiempo 
y a veces se acuerda de quererse.
Se hace líos y se los lía como nadie, 
y se pone preciosa mientras mira las páginas del calendario 
que tacha esperando que llegue ese último día.

Y cuando se da la vuelta, se ve en el espejo,
 mintiéndose como siempre.

Es una experta en hacer equilibrismo y cortar la cuerda al mismo tiempo. 
Y ha borrado todas las canciones tristes.

Te echa de menos los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes; 
menos los sábados que echa un polvo 
con el primero que le regala una sonrisa. Por echar algo.

Y mientras ella se envuelve en un festival de gritos consigo; se quita los zapatos y devora los domingos.

Pero claro; ahí están. 
Ella se muerde las uñas, 
y él la muerde todo lo que ella se deja.






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