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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Con sangre y a fuego.


Ella, que ya no sabe cómo sonreir, 
que se pierde entre sus dudas y tus piernas.
Ella, que por un momento, como una niñata estúpida, 
llegó a pensar que podrías quererla.

Ella, que ya no es ella. 
Porque el tiempo siempre hace su trabajo, el tiempo y el vino. 
Y las noches sin dormir.
Y las ojeras ahora son de él, 
y de cada verano que se acostaba a su lado para hacerle el invierno más suave.

Y todavía, como la niñata estúpida que es, sigue prometiéndose que no va a llorar más 
y que las copas  de los viernes, martes, jueves… no van a prometer. Nada.

Ella es nadie. Humo de chimeneas apagadas, de inviernos nevados.
Ella, te odia. Porque te ha querido.
Ella, te abraza. Porque te odia.

Ella, es día y hora imprecisa. Cierra ventanas y bares, 
y se come los corazones que se encuentra por las aceras.

Grita en silencio y rompe escaleras mientras mira el cielo de su habitación.
A ella la brillan los labios, y la escuece cada herida en los ojos. 
Pinta tu música de color negro, 
y hace que el cielo se pare cada vez que da un paso.

Ella es canción. Estribillo. 
Y versos de sus poemas.

Ella se cuida de todos, menos de ella.
Ella, es besada.
 Tocada y maquillada. Rajada y mirada.

Ella, es preciosa.
Cuando se levanta y cuando llora.
Cuando te mira, 
y cuando se escribe en la espalda un poco más de ti.

Ella subraya en vez de tachar. 
Y escribe con tinta los restos que te dejaste en su boca.

Ella, lleva cada día marcado en las muñecas. 
Y cada invierno escrito en las uñas.
Lleva los quizás colgados como pendientes y siempre los termina perdiendo.
Ella, cada noche, es otra. Y cada día es más ella. Sin ti.
Ella pasa, de largo, y de todo.

Ella, como tú, y como cualquiera; no sabe lo que es el amor. 
En cambio, sabe lo que es dar la vuelta al mundo sin salir de una habitación, 
y subir a las montañas más altas sin pisar las calles.

Ella duele al mirarla y derrama cada copa –rota- de vino.

***

Te diría que como ella no vas a encontrar a ninguna.
 Pero eso ya debes saberlo tú.
También te diría que, como ella, no te va a querer nadie. 
Y que como ella, no vas a saber respirar nunca. 
Porque “a cada paso de gesto que da” nace un sol diferente.

Ella, vive como tú. Pero como nadie.
Respiráis el mismo aire, pero no os sabe igual.
Ella es la canción triste que estás escuchando. 
La lluvia del otoño y la risa que te falta.

Ella lo rompe sin tocarlo. Todo, vaya.
Y es así, como la ves. 
Aunque a veces es difícil verla, 
se guarda debajo de cualquiera copa o noche sin abrigo.

Está enamorada del amor que no encuentra. Y duele siempre que abre la boca.
El viento suena en silencio mientras ella, bailando, pisa las hojas.

Duerme acompañada de su soledad, que se despierta a media noche pidiéndole un poco de agua, para tragarse las pesadillas y que no se oigan por las esquinas desgastadas.
Pasa noches soplando velas que rompe cada 18 de febrero. 
Porque no cumple años, sólo suma palabras.

Regala “gracias” en forma de caricia, y escucha a las piedras del camino contar historias, siempre con el mismo final.

Ella, tiene su vida grabada a modo de lunares por todo el cuerpo.
Y le encantaría dejar de llorar, pero es que cada lágrima es un poema escrito con sangre.
De bares cerrados y amores dormidos.
Y como dice Andrés, “es fruto de un cuento”, que nunca vas leerte.

Ella.
….

Ella no es de nadie.
Pero, sin ninguna duda, es tuya.




viernes, 14 de diciembre de 2012

Báilame bajo la falda.


Que caigas en la cuenta de que lo de contarnos las penas no es lo nuestro, somos más de drogárnoslas.
Lo de vivir sin morirnos no va con nosotros, 
y que los te quieros saben mejor cuando te corres en mi boca.
Prefiero cortar con todo, antes de tener que hacerlo con mis venas. 
En las que,
por cierto y por desgracia, 
te llevo.
_

Te escribo estas cosas, más que nada por no mandarte a la mierda. 
Y encontrarme contigo en cualquier esquina en la que antes los semáforos estaban siempre en verde, 
y las farolas encendidas.
Creo que es más fácil decir “te quiero” que “adiós”;
aunque con tus silencios lo dices todo sin pronunciar ni una sílaba, y no hace ni puta falta. 
Porque cuando me miras se me olvida hasta mi nombre. 
Y me convierto en tuya sin ser de nadie.

***

Traspasas todas tus barreras, y las mías, queriéndote meter en mi, y de todo. 
Como cada noche cuando cuelgas tu abrigo en el armario, como queriéndome decir que te quedas. Conmigo. Con nosotros.
Tus besos de hielo ya no me derriten 
y tu mano por debajo de mi falda se ha convertido en rutina, 
de otras.

Odiarnos, sin duda, es lo más bonito que podemos hacer el uno por el otro. 
Los te quieros a nuestro lado, se quedan cortos, se corren y nos envidian por ser más que todos.
En el fondo, pero sin descender demasiado, 
me encantaría irme de aquí, 
pero no encuentro la puta salida de emergencia.

***

Y la diferencia entre nosotros, una de las miles, 
es que tú follas, y yo, sin embargo, hago el amor. 
De mil formas y maneras diferentes; 
aunque por supuesto mis gritos se los regalo a otros.
 Tú, en cambio, sólo sabes hacerlo de una, y eso, aburre.
...

Y hablando de todo un poco, estoy encantada de habernos conocido, pero las dudas me preguntan todos los días, las hijas de puta. 
Así que perdóname si abro todas las puertas y ventanas, y dejo que entre el frío, 
que por otra parte lleva acostado en mi cama desde el verano pasado. 
Los resquicios que quedaban de lo que éramos se han convertido en un “nosotros” que no van a ninguna parte.

Y..

Tú eres de esos que lo dice todo, sin decir nada.
Y yo de esas que bailan sin mover ni las pestañas. 
Así que ya me dirás tú qué coño tenemos que ver, 
si ya hemos repasado cada una de las letras del calendario.

A éstas horas debería estar durmiendo, pero prefiero que me pases la sal, que me apetece un tequila, 
y ya de paso me la echo en la herida, 
que jode mucho, y al parecer, me encanta; 
teniendo en cuenta y sin contarte, que desde que tengo uso de razón (si es que alguna vez he tenido de eso), no hago otra cosa.

Pero sigo mirando tu foto como el primer día, 
preguntándome si detrás de esa sonrisa medio fingida todavía queda algo. 
De lo que sea.

Y te pido, con los únicos ojos que me quedan, 
que te quites las seis (de Irene) para que las siete nos coman  y que cuando salgas,
 cierres la puerta.. 
que tengo demasiadas decisiones que fumarme 
y no quiero que se me escape ninguna.

***

Cambiar? Cambiaría la ropa de sitio, tus límites y las ganas de llamarte cada noche que el vaso se vacía más de lo debido. Y alguna que otra cosa más.
Pero..y qué? Los monstruos nos comen, o más bien, me comen a mi
y yo me dejo, 
como siempre.
..

Hoy, y siempre, hace un día precioso para quererme. 
y una noche perfecta para que me folles.
Y pedirte que te tires conmigo desde la azotea. 
O tirarnos, el uno al otro, quiero decir.
A gritos todo sabe mucho mejor, si son contigo..

Pero en fin…mañana será otro día, aunque prefiero las noches, 
sobre todo en las que cuelgas tu abrigo. Y me subes al cielo, o a la mesa.

Aunque no deberías olvidar,cariño, que yo también sé ser una hija de la gran puta cuando quiero.



martes, 11 de diciembre de 2012

imbécil.


Vamos a corrernos, dices.
Y toco fondo todas las noches.
_

Ya no sé cuántas mentiras más voy a tener que inventarme para que dejes de quererme, corazón.
Mentiras que, entre el café y el polvo de por la mañana, nos contamos echándoles azúcar para que escuezan un poco menos.

Tómatelo como una despedida, o con vino, que sienta mejor.

Con tanto mentir, se me ha olvidado quererte, y también dónde dejé el corazón la última vez que me lo quité, con los calcetines de colores que tanto te gustaban.

Intento abrir el libro por la página dónde lo dejaste la primera vez que me sonreíste, pero se ha borrado el número.

Que estoy harta de polvos, de pasar el plumero por la cama y de catorces de febrero. Porque ya no quedan te quieros, ni abrazos, ni sonrisas.

Aunque, bueno, siempre hay un momento en el que los bares cierran, y yo, con ellos.

Y me tengo que tomar la última en mi casa, conmigo. Porque yo todavía sigo en la cama, desde ese sábado, en el que tú te fuiste y yo me quedé, como siempre, entre las sábanas.

Te debo algunos orgasmos, y los libros que te dejaste encima de la mesa. En la que me lo hacías cada noche.

Yo era tu nudo en la garganta, tus ganas de bajar cremalleras y arrancar ropa. Y tú, nunca fuiste, ni serás; para mi.

Te he cambiado por el vino, el tabaco y otras más duras, que me salen mucho más baratas.

Que ya no sé cómo decirte, ni qué escribirte, para que entiendas, mi vida, que esto no puede seguir así.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Sobredosis.


Noches insalvables.
De versos y poesías rotas.
De cristales emapañados.
De muertes en vida.





De cicatrices abiertas.

De gotas frías.
De chimeneas apagadas.
De fotos rotas.


Mis noches.


viernes, 30 de noviembre de 2012

The end.


-Lo siento.

+Qué es lo que sientes?

-Amor, mucho amor. Dolor, rabia, tristeza, angustia, cariño.. siento de todo.
Lo siento, por mi.

Porque por ti ya lo he sentido varias veces, todo eso. 
Una y otra vez.
 Y he decidido que no, que mejor sentirlo por mí.
 Que tu no me lo haces igual que yo.

Que no me montas pelis de las que me gustan. 
Esas de Tarantino, en las que se llena todo de sangre, 
mientras nos matamos de amor. 
Eso no lo sabes hacer tú.
...

Así que ya me lo monto yo, como me gusta.

Esta va de todo menos de ti.

De morirme, de amor, por mi.

Fin de la película.



domingo, 25 de noviembre de 2012

Porque contigo.


Pocas veces le veo sentido, 
aunque últimamente tengo que decir 
que mucho menos que de costumbre.

Y qué si no vuelvo a verte, y qué si no vuelves a tocarme.
Y qué si las calles ahora son un poco más rectas,
y están más contaminadas. Qué,eh? QUÉ.

Pues nada, que sería todo como siempre. 
Que yo hago como si nada, 
pero es que es nada.

Y en los laberintos que me construías se convierten en montañas que yo ya he subido un par de veces,
cada día.
Hemos arañado cristales, y roto corazones;
como cualquier persona normal.

A veces me sorprendo a mi misma dando vueltas en círculos,
sin querer decir nada,
Y deliro mientras te cuento lo que no quiero contarte;
y se me pasa lo que nunca me ha pasado.
Que mientras haya noches, sobrarán las penas,
las rosas rojas, la poesía y el vino (contigo siempre,Paula).

Repítete “que no pasa nada”, como siempre,
Y a lo mejor, su(e)rte efecto, 
o simplemente te acostumbras a que de verdad no pase nada
y que lo único que pase, sea el tiempo.

A veces pasa, que mueves ficha, y se descoloca todo.
Así que mejor dejarlo como está, y ya me coloco yo, tranquilo.


Oye, y que si hay que discutir, se discute;
que lo que viene después supera lo anterior, 
“que me desato y verás”.
O también puedes atarme tú, pero eso es otra historia.

Tengo la puta costumbre de encender hogueras 
que luego no sé apagar.
Y claro.

Pero es que él me dijo que me quería…
echar un polvo, y yo lo de echar lo llevo en las venas.
Te echo de todo.
Y tú me haces de todo a mí.

Nos lo podemos montar como quieras. 
Yo pongo el tabaco y tú trae algo de beber.
Que del resto se encarga la noche.





Porque ya sabes;
Me da igual cómo acabar,
mientras sea contigo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Cómo lo hacemos.


Entonces la suerte a veces se pone de nuestro lado, la mala digo.
Y te caes por las escaleras.
Las pompas que eran de jabón ahora son de humo. 
“Porque sigo fumando, que de algo hay que vivir.”

Con la práctica llegas a la perfección. Y claro. Lo de caernos lo llevamos en las venas, 
asique ya nos levantamos con estilo. 
Y con tacones, altos. 
Muy altos.

La putada de todo esto es que al final siempre acabamos contando-nos las penas, 
que nos sobran. 
Y que sí, mucho amor, muchos besos, y mucha teoría.
Pero pocos hechos.
...

Yo, personalmente, me llevo muy mal conmigo misma; 
y muchas veces me peleo, me grito, me araño y acabo a hostias,
 liándome-los yo sola.

Yo no sé, pero deberíamos contarnos historias para llorar 
y beber tazas de café medio llenas de vacío.
El número 69, para mi, ya no es otra cosa que el que sigue al 68.
Porque bah, estoy repartida entre todos y ninguno.
 “Que para resumir, estoy jodida y radiante.” 
Y yo eso de contarte los lunares ya no lo hago, no sé si me explico.
Y me falta la magia que a ti te sobra.

...

Ya no me amargo entre las margaritas,ni las deshojo; 
y como tú,cada viernes y sábado, cierro los bares a los que ya no me dejan entrar.
Pero qué te voy a contar que no sepas de mi, o de la vida.

Acabaremos encontrándonos entre la primera calada y el último suspiro.

Mientras nos rompemos entre nosotros y dejamos el corazón en penumbra.

A ella “la da igual lo que la primavera haga con los cerezos, lo que quiere contigo es follar”; y en cuánto a mi, sigo esperando ver esa primavera, y luego ya veremos.

Y al final;
la vida te demostrará que es una zorra, pero que tu eres más guapa.
Y que si lloras, se te corre el rímel.








miércoles, 21 de noviembre de 2012

"y ella no tenía medias."


Me asomo a la ventana y esa chica de ayer ya no está.
Tampoco juega con las flores del jardín.
Ahora juega más bien con su vida. 
La destroza, la raja de arriba abajo, la tira, la rompe y la regala.
Juega contigo, y conmigo. Y con nosotros.
Hace puzles, y se bebe cuatro o cinco copas de vino, mientras habla con Joaquín. 
Y se desquita de esos ojos negros 
mientras recuerda cuando fue la primera vez que se prometió que sería la última.
Y mientras él le quitaba las bragas, 
ella se quitaba el corazón y lo tiraba por el suelo, 
como tantas otras veces.
Se coloca, mientras deja que el mundo se hunda bajo sus pies, 
y ella vuela entre las nubes de su habitación.
Pierde orgasmos por las esquinas, 
y no tiene donde colgar el abrigo, porque lo perdió hace tiempo 
y a veces se acuerda de quererse.
Se hace líos y se los lía como nadie, 
y se pone preciosa mientras mira las páginas del calendario 
que tacha esperando que llegue ese último día.

Y cuando se da la vuelta, se ve en el espejo,
 mintiéndose como siempre.

Es una experta en hacer equilibrismo y cortar la cuerda al mismo tiempo. 
Y ha borrado todas las canciones tristes.

Te echa de menos los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes; 
menos los sábados que echa un polvo 
con el primero que le regala una sonrisa. Por echar algo.

Y mientras ella se envuelve en un festival de gritos consigo; se quita los zapatos y devora los domingos.

Pero claro; ahí están. 
Ella se muerde las uñas, 
y él la muerde todo lo que ella se deja.






domingo, 18 de noviembre de 2012

cuidame de ti.


Creo que esto ya lo he vivido alguna vez.
Eso de que las flores sean rojas, y las espinas se te claven. 
Lo de que llueva, sobre mojado.
Y las calles de Madrid parezcan cada vez más iguales; 
más pequeñas, más sucias y más llenas de todo. Menos de mi.

Intento escupir palabras nuevas, pero siempre sale la misma historia.
Escucho las canciones de siempre, y todo suena igual.

Ya no me miro al espejo, por eso de que siempre soy yo la que salgo enfrente.
No miro el reloj, siempre es la misma hora.
Siempre hace frío, y estoy calada de ti.

Y le hago trampas a mi cama, para que se crea que siempre es domingo; y así no salir de ella.
Y hablo con mis armarios, que me cuentan que les va mejor que a mí. Y hablo contigo, aunque ya ni me escuches.
Dibujo en la libreta, esa de siempre, que está encima de la mesa. Y escribo poesía. Sobre mi, o sobre ti; o sobre nosotros.

Pero como siempre, mal y  tarde, me regalas noches y botellas llenas de alcohol y yo tescribo en la espalda con tinta imborrable.
Te paseas entre mis piernas y me das una vuelta, al mundo.
y llegas, con tus ganas y tus manos llenas de calles nuevas para andar y  yo me rindo, y me atraganto con tanta promesa sin cumplir.

Y te leo libros que todavía no se han escrito, te como a besos y después bebo otra copa; para acabar como siempre, descolocada.

Y escucho ese “y sin embargo un rato, cada día, te engañaría con cualquiera” mientras te miro. 

Y sonrío.

Porque en el fondo sabemos que tú no puedes vivir sin mi; y yo no quiero vivir contigo.


jueves, 15 de noviembre de 2012

Plumas desgastadas.


Es ese libro que te empiezas a leer y no puedes parar.
Es ese libro con el que sales de la tienda sonriendo.
Es nuevo, y te encanta. Es nuevo, y quieres leértelo ya, lo quieres terminar YA, para volver a empezarlo una y otra vez.

Es un libro lleno de aventuras, lleno de cosas nuevas; de imaginación, de saltos mortales, de drogas, de alcohol, de sexo, de risas, de locura, de sangre, de corazones rotos, de nubes y de sol. De manías, de inventos, de música, de bailes, de ventanas abiertas, de llaves, de castillos, de goteras, de mecheros, de barcos de papel, de ropa por el suelo, de dibujos, de porqués, de “isis”, de siempres, de manchas, de inviernos y primaveras… de venas abiertas y de cicatrices que no se cierran.

De ternura, rabia, amor, pasión, descontrol… Es un libro lleno de todo.

Un libro que no cierras, durante mucho tiempo. En el que quieres escribir cosas nuevas, en el que faltan hojas porque quieres más.

Es un libro forrado de cuero, de ropa interior, de vaqueros, de camisas y de olores.

Que cada mañana te da los buenos días.

Escrito con tinta de esa que no se borra, y en algunos márgenes con tinta transparente, de esa que no se ve…por si se te ocurre abrirlo y leernos.

(…)

Al final, como siempre, ese libro se cierra. Un libro que te ha terminado saliendo caro.

Un libro que se queda en la estantería, cogiendo polvo. Al que se le han arrugado las páginas de tantos gritos, al que se le han roto las esquinas de tantas caídas, de tantas putadas y tanto maquillaje corrido. Un libro que se ha terminado desgastando, se le han doblado muchas páginas, y justo en la 78 tiene una marca de pintalabios rojo desgastado, de uno de los muchos besos que no te di.

Pero bueno; un libro más o uno menos, no?

Al fin y al cabo, todos parecen tener el mismo final.
Aunque eso sí, éste estaba lleno de mayúsculas, de poesías de tus ojeras y de magia, mucha magia.




domingo, 11 de noviembre de 2012

Tal para cual.


Noches en las que te coloca hasta el aire.
Cierras la puerta y pones el cartel de “no molestar”,
 por si se les ocurre venir a joder.
Y a dormir,o no.
Que las sábanas y yo tenemos mucho que hablar, 
pero poco que decirnos.

Y me gusta.
Este sentimiento digo, este rock’n roll que llevo por dentro 
y que no deja de cantarme al oído ese “por verte sonreir”. 
Estoy acostumbrada, 
y vuelvo a estar mirando esa estrella, 
siempre en estado de espera.

.....

Pero qué coño...
Abro el cajón y ahí está ella,esperándome.
Como cada mañana,
como cada tarde o cada noche.

Cada día me coloco menos, 
y eso que me drogo en cuanto me levanto.
Con ella.
Que hace que las escaleras sean un poco más empinadas, 
y que los jerseys de lana piquen un poco más..
pero con ella los excesos son otra historia.

En realidad no hablo por no escucharme, que ya me aburro.
Qué decirte; que te drogues.
Con lo que encuentres; con todo. Con sangre y besos, y piedras del camino. 
Que pongas una puta alfombra roja cada vez que salga de casa, que me lo merezco coño. 
Y que me drogues con promesas, de esas que luego no cumples.

Y si te pones borde,como un acantilado, me tiro; 
y doy volteretas y hago saltos mortales.

Y espero que no te quepa ninguna duda, porque ya no queda sitio. 
Que entre tú y yo no quiero ni eso.

....

Que la muy hija de puta no se va de mi lado,
se acuesta cada noche conmigo y se levanta más preciosa que ninguna. 
Sigue ahogándome como la que más 
y sacando lo peor de mi.
Me peina cada noche, y me toca las mejores de sus canciones..
me cuenta sus secretos y baila conmigo.

A veces jugamos al escondite, pero siempre la termino encontrando, 
ya sé dónde está cuando quiero encontrarla. 
Se burla de mi, me saca la lengua, y me guiña el ojo.
Me abraza más fuerte que nadie y me deja sin respiración.

Lo hace sin querer,porque me quiere más que nadie.
porque es como ninguna.

Ella, me hace el amor como nadie,
me provoca y juega conmigo,como quiere.

…pero llegados a este punto, prefiero quererla tal y como es.


Aunque deberíais tener cuidado, porque engancha.
La tristeza, es un vicio. 
Eso sí, de mis favoritos.







jueves, 8 de noviembre de 2012

De ilusión también se muere.


Y ahí estaba yo, sentada enfrente.
Con las manos ocupadas; en una mi cigarro fumado por el viento, y en la otra tus gritos, reproches, malas caras, celos, mis noches de locura, tus mañanas de cabreos y nuestras putadas continuas.
Y ahí me quedé. 
En el banco de siempre, en el parque de todos los días, a la misma hora. 
Esperando a ver si se te pasaba mientras se me caían las pestañas mientras tu parpadeabas.

Y tu me mirabas, con esa cara de cordero degollado, de víctima atropellada por mi, como si el amor que había entre nosotros ya no te importara, como si yo tuviera la culpa de que tu mundo ya no fuera putamente perfecto.

Lo teníamos todo y lo perdimos por el camino. Se nos fue cayendo de los bolsillos esos “te quiero” y esas risas, y el sexo.

Y entonces te creíste con derecho de abrazarme. Y no, no lo tenías. Igual que no tenías derecho a tirar mis noches en tu cama, y mis mañanas de besos o mis mordiscos de cada día.
Asique yo, callada, te miraba mientras por dentro me rompías un poco más, igual que rompiste nuestras fotos, o igual que destrozaste mis uñas cuando te esperaba despierta cada noche. Igual que cuando quemaste aquél libro que empezamos a escribir hace 1 año, y que no hemos sido capaces de terminar.
Y me manipulabas a tu antojo, como tantas otras veces. Me dibujabas como querías, me calabas y me drogabas contra mi voluntad.

Olvidabas tus mentiras, mientras me tirabas a la cara las canciones que compuse para ti y los bailes alrededor de la mesa de la cocina.
Las cenas y las comidas, y las corridas que te dediqué, ahora estaban por el suelo de ese parque tan nuestro, que ahora ya era sólo mío.

Tu tan gilipollas, y yo tan digna. Y así. Cuando lo único que queda entre nosotros es mucha ropa, y gritos, lo mejor es quitárselo todo.

Asique ahí estaba yo. Y tu enfrente. 
Mirándome la boca que tantas veces habías mordido, y  a la que pocas cosas le quedaban por decir. 
Mientas por dentro pensaba “esto sólo puede acabar en cicatriz; que a lo mejor me estabas haciendo la guerra porque ya no sabías cómo hacerme el amor"


Y tú puedes gritar, llorar, escupir, morirte de rabia, y volver a gritar…
Que yo mientras me callaré, como una puta.


Porque “el silencio es el grito más fuerte” y yo te estaba dejando sordo.